No sé qué
hacer para ser buena gente. ¿Buena gente?
Ya ni sé si lo soy: soy una y varias a la vez.
“Cada uno de nosotros es, sucesivamente, no uno, sino muchos. Y estas personalidades sucesivas, que emergen las unas de las otras, suelen ofrecer entre sí los más raros y asombrosos contrastes” (En: Motivos de Proteo, by José Enrique Rodó)
Soy del
tipo de individuo que puede escuchar 100 mil veces la misma canción sin
aburrirse. El fragmento del día que más
me gusta es la madrugada. Amo estar sola en mi habitación. ¿Por qué? Porque
puedo pensar y pensar y leer y leer y escribir y escribir y reír y llorar sin
que nadie me interrumpa para preguntar si estoy bien. Y es que, a veces, siento que asusto a las
personas. Hablar de mis sueños, de lo que hago, de lo que pienso, de lo que siento,
de lo que planeo hacer, de lo que me
molesta, de lo que cuestiono es como decirle a mi interlocutor (literalmente) “¡LÁRGATE!”.
“Dejaré mi tierra y mi iré lejos de aquí.”
Unas ganas infinitas de escapar, de volar, de ir al otro lado del mundo.
Desaparecer del mapa por dos años. Si no
tuviera la parte Kantiana, cogería mis libros y me iría. Sin destino fijo, sin
razón alguna, sin planes. Si sigo aquí, me secaré. Correr, huir, escapar. ¿Una
salida facilista? No: estoy 100% segura de que una vez que me establezca en “YASDDF”,
empezaré a sentir nostalgia de mi vida, la que dejé. Seguramente, mi corazón intentará aferrarse a lo perdido hasta interiorizar que "lo que no es querido siempre queda atrás".
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